ALTERIDAD Y TRASCENDENCIA EMMANUEL LEVINAS PDF

Links recomendados: 1. Comienza los estudios del Talmud de la mano de M. En septiembre de muere su esposa. Abraham escucha la voz y se pone en marcha y en su largo decurso salva su vida gracias a la acogida, a la hospitalidad, de los otros. Su identidad es esa misma respuesta, esa responsabilidad que hace pasar al otro antes que al yo. En este horror a la noche se revela no la angustia ante la nada, como propone Heidegger, sino el miedo del ser, de la necesidad de asumir por siempre la carga de la propia existencia.

Author:Kajas Nerisar
Country:Brazil
Language:English (Spanish)
Genre:Software
Published (Last):7 March 2010
Pages:113
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Caricia, alteridad y trascendencia en el pensamiento de Emmanuel Levinas adverbios, el amanecer nunca amanece por completo y el ocaso nunca se hunde totalmente en su noche. Escribe Levinas, Renunciar a ser el contemporneo del triunfo de la propia obra significa que este triunfo tendr lugar en un tiempo sin m, significa apuntar hacia este mundo sin m, apuntar a un tiempo ms all del horizonte de mi tiempo.

Escatologa sin esperanza para s o liberacin respecto de mi tiempo no gobierno mi tiempo, no me gobierna mi tiempo, el porvenir ya estuvo en todas las cosas presentes. IV Aqu, en efecto, nos abrimos al maana, ya que lo personal, incluso en su enmudecimiento pacfico, se transporta ms all de s mismo justamente hasta esa latitud donde la palabra personal ha desaparecido, pero ha desaparecido por obra del amor y de la fecundidad, ms fuertes que la muerte, ms fuertes que el envanecimiento de un yo autocentrado El amor permite el movimiento de la trascendencia: en el rostro del amado, en su epifana misma, se va ms all del amado, a travs del rostro filtra la oscura luz que viene de ms all del rostro, de lo que an no es, de un futuro jams bastante futuro, ms lejano que lo posible Ya en la piel del amado se est infinitamente lejos del amado, en su piel, que es 38 Emmanuel Levinas, La huella del otro, Mxico, Taurus, , p.

En: Taula, Quaderns de pensament, N , : Ahora bien, el movimiento por el que se realiza la evasin de la esencia del ser no puede, por principio, consistir en una actividad subjetiva, una empresa o hazaa del yo. Si fuera eso, se dara tan slo lugar, otra vez, a la lamentable histricamente cargada de culpas, adems marea ascendente de la voluntad de poder que seala la esencia de la ontoteologa.

Un yo an ms interesado, ms conativo, ms grueso y dispuesto a tragar en su mismidad los lmites mismos de la totalidad, es el verdadero resultado nihilista de esta escapatoria ficticia. De lo que ha de tratarse es, precisamente, de dejar de entender al yo como un fragmento ms de la esencia del ser. El yo que se descubre activo, libre, cognoscente, explorador del mundo y diseador de tcnicas, el yo sujeto de la evidencia siempre en avance, gracias a la cual las incertidumbres de lo real van asimilndose en la cotidiana mismidad de todo lo nivelado y dominado, no es lo originario en la subjetividad.

Muy al contrario, para que este yo haya llegado a ser, ha tenido que tener lugar una genealoga que no parte de ente alguno, sino de algo as como un adelgazamiento originario, una contraccin de s mismo inicial. En definitiva, un ser que se ve luego investido de poderes, pero que de suyo es previo a todo poder: una creacin en la que todo es heteronoma, todo es palabra que instaura y convoca, orden que se hace para s misma el oyente a ella adecuado p.

El tsimtsum divino habra sido reledo por Levinas al interior de una escala humana, muy humana, a fin de evitar la importuna omnipotencia del sujeto moderno, a fin de destrascendentalizar los arrestos de una razn autosuficiente; slo en la delgadez originaria del yo, slo en la contraccin involuntaria, en el caso humano de su soberana puede aparecer lo otro como Otro, es decir, la soberana de la alteridad hacindose un espacio de magisterio en una mismidad; sta, a causa de tal visita, deja de ser mismidad entendida como desconocimiento del Otro, como reflejo especular de slo s misma.

En Levinas, el amor escapa al nfasis de una furia controladora y a la voluntad de dominio que coopta todos los resquicios de una modernidad incapaz de interpretar el oscuro dorso de su aparente transparencia deslucida transparencia. Frente al espritu controlador y a la voluntad de poder, aparecern la pasividad del sujeto, morada del Otro, y la inversin de la clsica definicin de la filosofa como amor a la sabidura. Toma la palabra, por consiguiente, separada de la irracionalidad que se le podra imputar, la sabidura del amor, el amor videns, el amor que conduce a lo lejano, el amor que previene amando.

Aunque Occidente tenga que perseverar en el dominio de la luz, y aunque Levinas se oponga entre sombras a la concepcin irracional del Bien, la oscuridad del amor termina siendo ms lcida que la claridad de la luz.

Volumen El claroscuro de la trascendencia vive de estos equvocos42 erticos: gozar del Otro es estar ya siempre allende s mismo y allende el Otro, es estar en su piel y, al mismo tiempo, lejos de su piel. En la proximidad ertica del Otro se mantiene ntegra la distancia, cuya parte pattica est producida, a la vez, por esa proximidad y esa dualidad de los seres La caricia, alimentada por la eternidad de su hambre, se transfunde en el ms all de la caricia, como si su verdad viniese de ese lugar donde la caricia ha dejado hace mucho tiempo de existir.

S, el amor no rene mitades que, extraviadas, se buscan hasta la fusin egosta de una Unidad al fin reencontrada. Aristfanes44 no cabe dentro de las fronteras de este discurso sin fronteras.

A juicio de Garca-Bar, Levinas no acude a complementar los entes con otro ente que formara, reunido con los anteriores, la verdadera y rotunda totalidad tal movimiento estpido lo realizara la ontoteologa ; sino, justamente, a lo de otro modo que ser, a lo abierto o infinito, a lo no totalizable. O, tambin, a lo otro, sencillamente aunque este recurso sin matices fue justamente criticado desde el principio por Derrida El amor levinasiano constata de la fusin ertica es imposible, pues el amado como Otro se mantiene a distancia incluso en la piel que ofrece a la caricia, en el vnculo entre el Mismo y el Otro se mantiene la alteridad, a pesar de ser sta ofrecida como piel y caricia.

Ni siquiera en la caricia la alteridad admite ser subyugada. La alteridad del Otro, aun en la piel expuesta al placer o al ultraje, a la vulnerabilidad misma, sobrepasa su propio presente vivido en la inmediatez de la caricia, trasladndose hacia otro Otro, hacia otra alteridad, fruto del encuentro presente del Mismo y del Otro. An ms, en el desorden inscrito en la caricia 46 lo que est no est, la bsqueda no se colma en un contacto: el contacto mismo no es sino la huella de algo que pasa o que ha pasado, algo que slo se redime en la infinita reiteracin del pasaje de la caricia, de la repeticin del placer de su transcurrir, de la recurrencia de un presente que jams se sostiene sustantivamente a s mismo.

La alteridad engendra alteridad: la concupiscencia habita ya en la trascendencia, el deseo es deseo que ningn deseo presente es

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